Espirituales por diseño (Parte II)

En el diseño original, todo esta en su lugar. 

Era sorprendente ver el termómetro medir la temperatura, pero lo que más llamaba mi atención era ver como el indicador subía y bajaba, eso aumento mi curiosidad, quería saber de qué estaba hecho así que tome uno y lo rompí. Me di cuenta que no era más que un líquido de color “plateado” y medio viscoso, de verdad estaba desilusionado, no era nada interesante. Sin embargo, de un momento a otro todo cambió, empecé a ver como las partículas regadas por mi habitación se empezaban a mover a medida que las acercaba para recogerlas, era como si se atrajeran y aún más revelador era ver como se unían. Busque la forma de evitar su unión, pero por mucho que buscara la forma de dividirlos al final si se acercaban y se conectaban terminaban uniéndose, con el tiempo me di cuenta que ese material era mercurio y que una de sus propiedades en esencia es esa.

De la misma manera funciona nuestra esencia, siempre está en búsqueda de unirse nuevamente con la fuente misma de lo que es, Espíritu. Veamos nuevamente el texto del Génesis: Luego el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra. Sopló aliento de vida en la nariz del hombre, y el hombre se convirtió en un ser viviente”. (Génesis 2:7). El término que se usa aquí para referirse a aliento de vida habla del mismo Espíritu de Dios, cuando Dios dio vida al hombre lo hizo desde su espíritu. La realidad es que desde el Diseño Original nuestra esencia estaba conectada con la esencia misma de Dios, Él así lo planeo, “Entonces Dios dijo: «Hagamos a los seres humanos a nuestra imagen, para que sean como nosotros”. (Génesis 1:26ª). Nuestra esencia espiritual estaba ligada a su esencia como espíritu por diseño.

¿Has experimentado ese sentimiento de vacío, desasosiego, soledad, incertidumbre que aunque intentas llenarlo con diferentes actividades y/o personas simplemente sigue en el mismo lugar, quizás más profundo y más evidente?

Nuestra vida está llena de deseos, estos deseos están ligados al placer el cual fue puesto por Dios para ser vivido y experimentado desde la esencia misma con la cual nos creó, como seres espirituales. El problema no es la carne, o lo físico, quiero ser claro, el problema es que desde nuestro diseño original ellos no están separados, no son independientes el uno del otro, fuimos creados como seres completos e integrales.

Durante años de servicio en el ministerio y aun revisando mi propia vida, he podido evidenciar como deseamos una llenura y plenitud, estamos constantemente en la búsqueda de la “Felicidad y el placer”. Algunos buscan la comida y la hacen su fuente de placer, como resultado, obesidad, enfermedad, frustración al final el vacío continua en el mismo lugar. Otros hacen del sexo su mayor fuente de plenitud, experimentan muchas cosas pero al final el vacío continúa en el mismo lugar. Otros buscan en las drogas dicha llenura y el efecto es tan efímero como la espuma. Otros nos hacemos adictos a la aceptación, nos rodeamos de muchas personas y al final el resultado es el mismo, un vacío de soledad. Lo que ignoramos es que en realidad nuestra esencia busca conectarse nuevamente con la esencia de la cual salió, es esa la razón por la que es una búsqueda tan incesante, es en realidad una búsqueda por la vida, recordemos que sin el soplo de vida el hombre no era más que polvo.

La gran noticia es que cuando esta conexión se da todo lo demás ocupa el lugar correcto, no se convierte en el fin mismo de nuestra felicidad y placer, sino en el resultado de dicha felicidad y placer, Dios mismo (John Piper, 2017). La comida, el sexo, los amigos, la adrenalina, el deporte, etc., se convierten en cosas aún más significativas, profundas y relevantes, no son lo que nos llena sino en el regalo de quien nos llena.

La humanidad disfrutaba de una unidad única y especial con Dios su creador, El hombre hasta ese momento experimentaba de plenitud en todas las áreas, una plenitud que fue rota (En próximas entregas profundizaremos en el tema) y que no nos permite en la actualidad poder vivir en plenitud. Tu alma siempre está en esa búsqueda lo quieras reconocer o no, solo basta con ser honesto contigo mismo y pensar en ese gran vacío que intentas llenar, sabes que está ahí, nunca lo podrás llenar a no ser que regresar a tu DISEÑO ORIGINAL.

«pero todos los que beban del agua que yo doy no tendrán sed jamás. Esa agua se convierte en un manantial que brota con frescura dentro de ellos y les da vida eterna».

Jesús de Nazaret (Juan 4:14)

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