Tienes tu mente llena de ideas, sumado a eso, llena de tareas por realizar. Entiendes que debes ponerte en marcha, el tiempo y las fuerzas son limitadas, abres los ojos y dices: “Es el momento, debo hacerlo”. Sin embargo, continuas en el mismo lugar, aprisionado e inmóvil, con esa sensación de comodidad y satisfacción, de frio y de calor. El algodón causa una sensación de placer imposible de rechazar, aun no hay luz y tampoco deseas que aparezca, es en ese momento en el que sucede lo que te acusará por el resto del día, te quedaste nuevamente dormido la mañana está por terminar y no has hecho nada. Ideas, propósitos y tareas están inconclusas, algunas de ellas ya perdidas.
Esta es una experiencia muy humana, quizás todos lo hemos experimentado, por lo menos yo, sí. Pero Dios no tuvo ni tiene esta experiencia, cuando pensó y diseñó al hombre, determinó hacerlo, y lo hizo. «Así que Dios creó a los seres humanos[a] a su propia imagen. A imagen Dios los creó; hombre y mujer los creó». (Génesis 1:27)
En la anterior entrega vimos como Dios tuvo una idea, pensó en un diseñó y planeó un propósito para la humanidad. Pero esto no se quedó en una idea o un plan, Él lo llevo a cabo. Esto es hermoso y desafiante, nos habla de un Dios determinado que no deja las cosas al azar y mucho menos inconclusas. Es un Dios que planea, diseña y ejecuta. Dios no se conforma, su plan y diseño es único y especial.
Ahora Imagina recibir un propósito tan grande como dominar y administrar toda una creación sin las herramientas y el entrenamiento necesario, sería un desastre ¿No crees? Dios planeo, diseño y ejecuto la creación de la humanidad, pero nos dio su bendición, la provisión y las herramientas necesarias para cumplir con dicho propósito. «Luego Dios los bendijo con las siguientes palabras: «Sean fructíferos y multiplíquense. Llenen la tierra y gobiernen sobre ella. Reinen sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que corren por el suelo». Entonces Dios dijo: « ¡Miren! Les he dado todas las plantas con semilla que hay sobre la tierra y todos los árboles frutales para que les sirvan de alimento». (Génesis 1:28-29)
Esto me lleva a pensar que todo lo hizo de forma premeditada, el resto de la creación obedece en diseño al propósito que nos sería entregado, de verdad somos especiales. Dios creó y preparó todo para quienes lo disfrutarían, cada detalle, cada especificación estaba premeditada para llamar nuestra atención y más allá de eso, darnos un PROPÓSITO.
Existen diferentes posturas con respecto al inicio de las cosas, para todas se requiere de racionamiento y fe. Para algunos les es más lógico y racional pensar en el azar y/o lo accidental, otros le apuntan a un proceso evolutivo inconcluso y variable, la verdad, para mi es más lógico un relato en donde existe un artífice racional e intencional, un artífice con quien puedo identificarme, pero también a quien reconozco como superior y distinto.
Continuara…
2 comentarios
Excelente relacionamiento de Dios con el ser humano! Es una forma clara de poner en contexto la idea de ser obra a imagen y semejanza de Dios, pero respetando la perfeccion y divinidad que tiene Dios y que no tiene el ser humano, pero a la que todos quisieramos aspirar.
Gracias Johann por tomarte el tiempo de leer y escribir tu comentario. Un abrazo.