En mi adolescencia las vacaciones no eran muy anheladas, para mis hermanos y para mi pensar en vacaciones a diferencia de los demás significaba seguir madrugando y realizando tareas, en su mayoría no académicas.

Durante mi adolescencia mi padre trabajaba con alguien que tenía una casa muy grande, tenia piscina, cancha de fútbol, discoteca, sala de cine y un jardín inmenso, recuerdo que habían muchos árboles de mangos. Junto con mi hermano menor éramos los encargados del jardín, debo ser honesto, la idea de llegar a aquella casa me frustraba, para mí las vacaciones eran para descansar de mi ardua labor como estudiante de secundaria, no para estar podando y arreglando un jardín, mucho menos ese jardín. Cada mañana era una discusión, no para ir, no era opción, pero si para que nos levantáramos, vistiéramos y llegáramos a tiempo. No quiero pasar por alto que para llegar a nuestro lugar de “Labores” lo hacíamos en bicicleta y esta casa estaba ubicada en la cima de una loma en un sitio muy exclusivo en la ciudad, la verdad, no era una idea muy emocionante.

Las cosas al llegar se ponían complejas, recuerdo las discusiones con mi hermano para distribuir las tareas, al final tocó organizar un horario estableciendo días y turnos para aquellas labores que considerábamos eran las más sencillas. Un día, no desperté, y tampoco me despertaron, al parecer ese día mi padre decidió no discutir más. Sin embargo, muy tarde y después de escuchar a mi madre toda la mañana discutir, decidí ducharme e ir para aquella casa. Aún recuerdo que llegue muy tarde, eran más o menos las 11:30 de la mañana, mi padre había llegado a eso de las 7:30 a.m., cuando llegué y me dispuse para iniciar mis labores noté que el jardín estaba casi listo, ya lo habían podado y vi a mi padre recogiendo la basura solo, sin ayuda, fue muy impactante para mí. Mi padre había realizado solo lo que mi hermano y yo hacíamos juntos. Guardé silencio y me puse a ayudarle, como siempre mi padre me saludo con amabilidad y me dijo que ya había pedido el almuerzo, que duro recordar eso, no había hecho nada pero él ya había pensando en mí, ese día como siempre vi trabajar a mi padre con tesón, con fuerza, con dedicación, pero lo que siempre me impacto fue ver su rostro de agrado y placer para con el trabajo ¿cómo era posible que pudiera disfrutar tanto hacer esto? ¿Por qué tanta pasión y compromiso para podar y arreglar un jardín?

Llego la hora del almuerzo y vi que había ordenado arroz chino una de mis comidas favoritas, la verdad me sentía muy mal, nos sentamos a la mesa. – El jardín está quedando hermoso pero dime ¿por qué disfrutas tanto hacer esto, si no es tuyo, no es tu primera responsabilidad? Aún tengo presente su respuesta: “Hijo, hace mucho aprendí que todo lo que haga debo hacerlo como para el Señor, todo le pertenece a ÉL, es para quien realmente trabajo”.guardé silencio, mi padre continuo diciendo: “Siempre que estoy haciendo algo pienso en cómo está viendo Dios lo que hago, y eso me apasiona, en realidad quiero que se sienta agradado y a gusto con mi trabajo, él no me está castigando me está dando la bendición de agradarle”.

En la mayoría de los casos, casi en general, percibimos el trabajo como un castigo de parte de Dios, pero en realidad no es así, el trabajo hace parte del diseño divino de Dios, está ligado a nuestro propósito.

“Después, el Señor Dios plantó un huerto en Edén, en el oriente, y allí puso al hombre que había formado. El Señor Dios hizo que crecieran del suelo toda clase de árboles: árboles hermosos y que daban frutos deliciosos. En medio del huerto puso el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal”. (Génesis 2:8-9) Después de crear al hombre, Dios dispuso en medio de su plan y diseño perfecto crear un huerto. Que gran regalo vivir en medio de un huerto con árboles hermosos y frutos deliciosos. Pero aún hay más, Dios dispuso dentro de su diseño que produjeran fruto de forma natural.

Un río salía de la tierra del Edén que regaba el huerto y después se dividía en cuatro ramales. El primero, llamado Pisón, rodeaba toda la tierra de Havila, donde hay oro. El oro de esa tierra es excepcionalmente puro; también se encuentran allí resinas aromáticas y piedras de ónice. El segundo, llamado Gihón, rodeaba toda la tierra de Cus. El tercero, llamado Tigris, corría al oriente de la tierra de Asiria. El cuarto se llama Éufrates”. (Génesis 2: 10-14) Sabemos que para que los arboles produzcan fruto requieren de agua y sol, entre más cerca o rodeado de una fuente de agua mejor y mayor será su fruto. Dios dispuso todo para que el huerto produjera, lo rodeó de cuatro fuentes de agua, dicha tierra por diseño es muy fértil, el fruto de todos esos árboles se daba de forma natural, no requería del hombre para dar fruto. Sin embargo, veamos lo que sucede cuando Dios pone al hombre en dicho huerto: “El Señor Dios puso al hombre en el jardín de Edén para que se ocupara de él y lo custodiara”. (Génesis 2:15) Dios dispuso que el hombre se ocupara del huerto, que lo labrara y cuidara de él, por diseño Original Dios dispuso que tuviéramos una ocupación y desde el diseño original no está ligada a la provisión de Dios, recordemos, los arboles daban fruto de forma natural, el hombre solo debía ocuparse de ellos y cuidarlos, su esfuerzo no determinaba la productividad de los árboles. Esto nos da una perspectiva diferente de lo que hacemos, nos muestra que en realidad tener en que ocuparnos es también espiritual y hace parte del diseño original de Dios.

Con el tiempo entendí la gran lección que mi padre me había dado, arreglar dicho jardín era un placer porque tenía la perspectiva correcta, el sabia y aun lo sabe, que su trabajo no es otra cosa que parte de lo Dios le ha dado para dar gloria  a Él. Con el tiempo entendí y aprendí que Dios no usa el trabajo para proveer, usa el trabajo para glorificarse, darnos propósito y para que encontremos placer al obedecerle, la perspectiva que tienes de tu trabajo determina la satisfacción que encuentras en el.

«Trabajen de buena gana en todo lo que hagan, como si fuera para el Señor y no para la gente. Recuerden que el Señor los recompensará con una herencia y que el Amo a quien sirven es Cristo».

                                                           Colosenses 3:23-24

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